La Leyenda de los Hermanos Ayar

Leyenda de Los Hermanos AyarEsta leyenda fue escrita primero por Juan Diez de Betanzos, el vivía en Cusco y su lengua era el español, aunque aprendió a hablar el quechua también. Él estuvo casado con una princesa inca que era descendiente directa de los Incas Pachacútec y Atahualpa. En el año 1984, el historiador. En el año 1984, el historiador Luis E. Valcárcel redactó una versión más moderna de esta leyenda y la publicó en su libro “Historia del Perú antiguo a través de la fuente escrita”.

Existe también una versión de esta misma leyenda escrita por el español Pedro Sarmiento de Gamboa, la leyenda fue relatada en su libro “La historia de los Incas”. Ambas leyendas cuentan historias muy similares, sin embargo, la que se cuenta en el libro de Sarmiento de Gamboa cuenta la historia con más detalles.

Según cuenta esta leyenda, el Dios Ticci Viracocha (que significa “Hacedor del Mundo”) envió a sus hijos más poderosos en busca de tierras fértiles para que puedan cultivar su producto más preciado, el maíz, y lo compartiera con todos los hombres en la tierra.

Es así como en el paraje Tambotoco de Pacaritambo, en el cerro Tampu Tocco, llamado así por las tres ventanas o cuevas que ahí habían, salieron de la ventana central (Capac Tocco o Ventana Rica) los cuatro Hermanos Ayar. Cada uno de los hermanos, al igual que sus hermanas-esposas, tenían poderes y habilidades especiales que debían usar para lograr su misión.

La primera pareja estaba conformada por Mama Huaco (La guerrera) y Ayar Cachi. Ella era una mujer fuerte y hermosa, mientras que él era el más dominante y belicoso de los hijos de Viracocha.

La segunda pareja estaba formada por Ayar Uchu y Mama Cora. Él, a diferencia de Ayar Cachi, era místico y religioso, podía comunicarse con Viracocha mediante el viento, el agua, el fuego y la tierra. Mama Cora guardaba y transmitía los secretos de las plantas medicinales que su padre les legó.
La tercera pareja estaba constituida por Mama Rahua y Ayar Aucca, ella era una mujer semidiosa, alegre y la más laboriosa de las cuatro mujeres, sabía tejer y en cada textil guardaba la memoria y la historia de su padre Viracocha. Ayar Aucca en cambio tenía una fuerte conexión con los espíritus ancestrales.

La última pareja conformada por el mayor de los Ayar y con más autoridad, Ayar Manco Cápac (Manco Cápac) quien tomó ese nombre por el lugar del que salieron, junto a su esposa Mama Ocllo. Él se destacaba por ser astuto, sabio y un gran estratega; el siempre llevaba consigo un halcón llamado Indi, al cual todos veneraban y temían. Su esposa Mama Ocllo tenía la ternura de una madre, pero a la vez con su mirada podía cautivar a cualquier fiera. Era la encargada de preservar las familias.

Se cuenta en la leyenda que Ticci Viracocha le habría entregado a Ayar Manco una Vara de Oro, que sería la que determinaría la tierra donde tendrían que cultivar el maiz e iniciar el gran imperio.

Durante el camino, se dió el primer conflicto entre Ayar Cachi, quien haciendo alarde de su poder dio un hondazo y derribó un cerro, el resto de sus hermanos, temerosos y recelosos del poder de Ayar Cachi, decidieron deshacerse de él, por lo que le pidieron que regresara a la cueva de Pacarina por suministros. Cuando Ayar Cachi entró a la cueva, fue traicionado por su sirviente, quien puso una piedra en la entrada bloqueando de esta forma la salida de Ayar Cachi. Se dice en la leyenda, que al no poder salir Ayar Cachi habría gritado tan fuerte que causó que la tierra tiemble, se abran las montañas y el cielo se sacuda y el sirviente quedó convertido en piedra.

El resto de los hermanos junto a sus esposas siguieron su camino y llegaron al cerro Huanacauri donde ellos encontraron un ídolo de piedra con el mismo nombre de la montaña. Con mucho miedo, los tres hermanos entraron al lugar de culto, sin embargo, uno de los hermanos, Ayar Uchu, desafió al ídolo saltando sobre él. Inmediatamente Ayar Uchu fue convertido en piedra. Después de este incidente, los hermanos que quedaron siguieron su camino. 

Mientras los dos hermanos seguían caminando en la búsqueda de tierras fértiles, Ayar Auca fue a explorar un área cercana. Él obtuvo alas y se fue volando hacia un lugar llamado Pampa del Sol, al aterrizar ahí, Ayar Auca fue convertido en piedra.

Cuenta la historia que el viaje de los hermanos Ayar duró muchos años y que ellos fueron los que fundaron una gran civilización. Cuando llegaron al Cusco tenían buenas semillas de maíz y estas al ser plantadas crecieron..

Al final, solo Ayar Manco (Manco Cápac), acompañado de las cuatro mujeres, fue capaz de llegar hasta el Valle del Cusco donde al fin encontró tierras fértiles. En ese momento él pudo hundir la Vara de Oro que recibió de su padre, El Dios Sol, para que Manco Cápac pudiera determinar el lugar en el que fundaría lo que posteriormente sería el Imperio Inca o también conocido como Tawantinsuyo.

Por último, podemos concluir que ambas leyendas coinciden en que lo que se buscaba eran tierras fértiles donde se pudiera dar inicio a un gran imperio. Finalmente, lo más importante es la cultura y todo el legado histórico que el gran Imperio de los Incas ha dejado para la región.

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